Mucho se ha hablado de la crisis de la deuda en Europa, de los rescates a países como Irlanda, Portugal y especialmente Grecia, que tiene profundamente alarmada a la Unión Europea, particularmente a Alemania y a Francia ¿Por qué especialmente a estos dos últimos? Bueno, porque los griegos les deben justamente a los franceses y a los alemanes. Cuando Grecia entró a la Unión Europea, pensó que viviría en el primer mundo, pero se le olvidó que el primer mundo hay que pagarlo. Grecia vivió un buen tiempo muy por encima de sus posibilidades y ahora, tristemente, enfrenta las consecuencias.
La receta que la UE y el FMI le dan a Grecia para salir de la crisis de la deuda consiste, entre otras cosas, en una buena dosis de austeridad, que se traduce en el aumento de impuestos, la reducción del gasto social y la venta de empresas paraestatales. Esta austeridad, a la larga, según, podrá provocar un ahorro suficiente para que Grecia pueda pagar sus deudas. Esta austeridad ha enardecido a la sociedad griega, que se encuentra empobrecida y angustiada por su futuro.
La deuda griega asciende a 328.000 millones de euros, más del doble de lo que el país produce en un año en bienes y servicios y por mucho que se ahorre y se exprima a la sociedad, la deuda es prácticamente impagable. Para muchos una de las soluciones más sensatas sería la reestructuración de la deuda, que involucraría negociaciones con los acreedores en donde se convendría una reducción en los intereses y en el monto de la deuda.
Todo esto suena espeluznante y nos hace pensar que la crisis griega es la peor crisis que se ha experimentado en Europa; no obstante el país más endeudado de Europa no ha sido Grecia… sino Alemania. De esto escribiré en la siguiente entrada.
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