En la Primavera Árabe los intelectuales han brillado por su ausencia. Muchos de ellos, exiliados principalmente en Europa, no han hecho declaración alguna. A diferencia de casi todas las revoluciones modernas, que han contado con intelectuales e ideólogos que proporcionaron una visión unificadora o se convirtieron en símbolos de las aspiraciones del pueblo (por ejemplo Lenin, en Rusia), la Primavera Árabe no cuenta con estas figuras. Esto se debe a los regímenes autocráticos en la región y a la ortodoxia musulmana.
Muchos intelectuales fueron cooptados por los gobiernos o fueron forzados al exilio, por tanto perdieron contacto con la realidad de sus sociedades. Unos pocos intelectuales que permanecen en la región han aplaudido y apoyado las revueltas, sin embargo fallaron en predecirlas. La falta de líderes ideológicos ha causado que los partidos y agrupaciones islámicas triunfen en las elecciones (Túnez) o bien que éstos formen gobiernos “interinos”. La población se apega a lo que conoce y tiene más cerca, que es la religión.
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